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Creo que mi primer “¡Ajá, entonces ESTO es comunidad!” me vino durante mi segundo año en Clarke Collage. No me acuerdo bien el mes exacto, pero todos estábamos ocupadísimos, y era el momento de organizar la feria de Quito. Yo jugaba básquetbol con el equipo de Clarke y pasaba las tardes en el gimnasio donde muchas veces encontraba a la supervisora, Katherine Ann Beckman, BVM. Katherine Ann amaba mucho el Centro del Muchacho Trabajador de Quito, Ecuador y alzaba fondos para el Centro regularmente. Mientras supervisaba el gimnasio se ocupaba de producir artesanías para venderlas en la feria anual. Si conoces a Katherine Ann, ya sabrás que en poco tiempo todo el equipo de básquet le ayudaba a confeccionar artesanías, ofreciéndose para trabajar en la feria, prometiendo ir a comprar allí. Todos cumplimos – cualquier cosa por Katherine Ann. La feria tuvo lugar en la unión estudiantil, que quedaba abarrotada de gente. En una temporada de máxima actividad en el colegio todas las monjas de Clarke estaban presentes trabajando, vendiendo números de rifa, disfrutando el desmadre total de la fiesta. Asistían cientos de estudiantes para participar y contribuir al proyecto. Todo por Katherine Ann, por las hermanas BVM de Quito y las familias del Centro del Muchacho Trabajador. Dos años después me gradué de Clarke y me metí a monja, atraída por el sentido de comunidad de las hermanas que había conocido aquella tarde en la unión estudiantil. A pesar de que todavía soy de las “jóvenes” en la comunidad, estoy para cumplir 20 años de religiosa. Con los años algunas de mis ideas y mis experiencias de comunidad han crecido y cambiado, pero lo fundamental sigue igual. Yo he escogido esta vida porque Dios y su llamada son el eje de mi vida. Las mujeres de mi comunidad me han apoyado, me han animado y me han ayudado a hacerme una persona más sana. Yo entiendo por qué el Centro del Muchacho Trabajador es tan importante para los pobres de Quito, Ecuador. He aprendido que algunos programas de asistencia a mujeres y niños son dañinos. He tenido que tomar decisiones pensando en los beneficios frente a los daños para la creación de Dios. Mi mundo es mucho más ancho de lo que era antes. Algunas veces me preguntan si es difícil ser miembro “joven,” puesto que vivo con mujeres en muchos casos bastante mayores que yo. Bueno, a veces sí, pero la mayoría de las veces es una bendición vivir entre tantas mujeres fieles y sabias. ¿Y cómo me siento al saber que tenemos un número de miembros jóvenes muy bajo? Pues es preocupante pero generalmente lo veo como un desafío a abrirnos a compartir lo que gozamos en la comunidad con toda clase de personas. Me preguntan si es difícil no estar casada y tener familia propia. A veces siento la soledad, pero más estoy agradecida por la libertad que tengo de estar con muchos tipos de personas en una gran variedad de lugares. Desde aquella noche en la unión estudiantil ha habido muchos momentos del “¡ajá, entonces ESTO es comunidad!” Han sido muchos y variados, pero siempre han sido momentos que inspiran la esperanza. Ha sido en los funerales donde celebramos la vida de una hermana que se entregó al ministerio con generosidad por más de 50 años. Es enterarme de la gratitud de una mujer que ha recibido fondos de parte de la comunidad para continuar su educación. Es conversar con colegas sobre la mejor forma de ayudar a nuestras estudiantes jóvenes. Es reunirnos con compañeros en la School of the Americas para presentar una protesta y orar por la paz. Es cuando tengo que recordar que cuando colaboramos por el bien, Dios está en el centro de todo. Así que estoy muy agradecido a Katherine Ann y la feria de Quito. Aunque pudiera haber sido felizmente casada y madre durante estos 20 años, creo que la vida religiosa me ha encajado muy bien. Siempre me han gustado las palabras de Joan Keleher Doyle en We Did It Ourselves, que me parecen muy acertadas:
Sobre la autora: Lou Anglin, BVM es maestra de teología y pastora en Nerinx Hall High School en St. Louis. Es miembro del Comité para nuevas candidatas a la Congregación. Return
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