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No eran muy profundos mis motivos al entrar en la vida religiosa en los años 60. Había visto que eran felices mis maestras del colegio y que se amaban. Aunque no lo hubiera expresado así entonces, yo deseaba amar en escala amplia y actuar por el bien del mundo como las hermanas BVM que conocía en el colegio Our Lady of Peace en St. Paul. Hoy me doy cuenta de que todavía son válidos mis motivos. Soy BVM porque me queda bien, me anima a llevar una vida de amor y ser hermana para todos. El Concilio Vaticano II pedía que los religiosos volvieran a evaluar el carisma original de sus fundadores y que escribieran sus constituciones de nuevo. Concientes de que la “visión” está escrita en la vida de los miembros mismos, las redactoras de nuestras Constituciones revisadas examinaron detenidamente lo que era la vida religiosa característica de las BVM. Aclararon para nosotras la trayectoria única por las cual nos liberamos para amar a Dios con todo el corazón, toda la mente y toda el alma y para amar al prójimo como a nosotras mismas. Nuestro título nos nombra hermanas de amor que tenemos a María como modelo. Por medio de las Constituciones podemos precisar lo que esto nos exige y “encontrar un enfoque en la vida diaria y en los ideales que nos esforzamos por alcanzar.” (#1) Las Constituciones empiezan arraigándonos en nuestra base: el Evangelio, la Iglesia, el espíritu de Mary Frances Clarke y las exigencias de nuestra época. Comunidad, Ministerio y Oración Los tres primeros capítulos sobre comunidad, ministerio y oración giran en torno suyo y se alientan uno al otro. La imagen que tengo yo de estos capítulos es la tira moebius (Véase la ilustración).1 La sustancia de la tira es la comunidad y los dos lados, o dos expresiones, son el ministerio y la oración. Lo que mantiene la comunidad unida “es el amor que se derive de la relación personal de cada hermana con la Santísima Trinidad.” (#4) Nuestra unión con Dios y los lazos entre nosotras en la comunidad nos sostienen “espiritual, psicológica y económicamente.” (#9) Dentro de este círculo congregacional de amigas somos llamadas a llevar una vida de amor y ser “hermana” para todas las comunidades a que pertenecemos. Al continuar la imagen de la tira moebius, un lado de la comunidad es la oración, el otro el ministerio. La vida de la comunidad se manifiesta hacia adentro y hacia fuera. Se observa fácilmente que en la tira moebius lo de adentro se convierte en lo de afuera y la parte exterior se hace la interior. Hay una dinámica constante en la comunidad donde la oración pasa al ministerio que a su vez pasa a la oración… “Nuestra elección de un ministerio emana de nuestra misión: la de ser liberadas y de ayudar a otros a gozar de la libertad en el amor duradero de Dios.” (#10) Nuestras obras son “obras de amor asumidas y desempeñadas por amor” a Dios (#14) y por nuestro deseo de dar una respuesta sensible a los necesitados. (#15) Nuestra oración es apoyada y animada por nuestra vida en comunidad y por nuestros ministerios de amor y al mismo tiempo apoya y anima nuestra vida comunitaria y nuestras obras. Nuestra vida de oración nos fortalece para crecer en Cristo y para hacernos más sensibles “a los conflictos y los sufrimientos de nuestro mundo.” (#28) Los Votos Luego de la dinámica de comunidad, ministerio y oración siguen tres capítulos sobre los votos, que son el corazón de nuestra vida comunitaria. Cada uno de los tres votos sirve para afinar nuestra vida de tal manera que podamos amar en mayor medida al servicio del Reino, unidas al cuerpo cósmico de Cristo. Por medio del celibato consagrado “elegimos libremente entrar en el misterio del amor en comunidad.” (#30) Mediante este amor “damos testimonio de la plenitud de la vida en Cristo la cual se derrama en vida compartida con otros.” (#32) El celibato nos libera para amar a todos como hermana. Este papel de “hermana” toma un significado cada vez mayor a medida que entendemos más sobre las interrelaciones profundas que unen todo lo que existe en la tierra y en el cosmos. Somos llamadas a amar a las personas más marginadas por estructuras injustas y además llamadas a “dar enérgico testimonio público contra la opresión.” (#17) Igualmente hemos de reconocernos como una parte del mundo natural, para amar y cuidar todo aquello que está sin voz – el aire, el agua, los bosques. El voto de pobreza sirve también para darnos la libertad para amar. Como está escrito en las Constituciones, “la pobreza religiosa está arraigada en la pobreza de Cristo y conduce al destino final de la vida cristiana, el amor.” (#38) Con el cariño y el apoyo de la comunidad la pobreza nos anima a distanciarnos “de todo obstáculo a nuestro amor y servicio.” (#49) Las finanzas, los bienes y la propiedad se tienen en común dándonos la libertad de no poseer nada para nosotras mismas, recibiendo todo como regalo para disfrutar y compartir. Como el celibato, el voto de pobreza nos llama a liberarnos de todo lo que pueda ser obstáculo a “compartir nuestro tiempo y talento con generosidad, además de los bienes temporales” (#44) y participar en la lucha mundial de los que sufren la injusticia, la ignorancia y la humillación.” (#45) El voto de obediencia también nos guía para crecer en amor al servicio de la vida. Este voto nos une a la obediencia de Jesús. (#50) Estamos atentas a la voluntad de Dios “a través de la Iglesia, las Sagradas Escrituras y los Sacramentos…en las señales que se dan de nuestra época y en las necesidades del Pueblo de Dios.” (#54) La Formación, el Gobierno, la Custodia de Bienes y la Separación El marco, la estructura de nuestra vida se presenta en las últimas secciones de las Constituciones. La sección que trata la formación de miembros nuevos describe la experiencia como un proceso que se realiza dentro de un ambiente cariñoso de interdependencia y hospitalidad. En la sección sobre gobierno se describe la autoridad en el contexto del “amor y servicio que vemos en la vida de Jesucristo.” (#80) Reconociendo la naturaleza profética de la vida religiosa, la sección sobre la custodia de bienes empieza recordándonos de nuestra bendición original – que todo recurso material es una expresión del amor y munificencia de Dios, por todo lo cual nos sentimos muy agradecidas. (#102) La última sección trata la separación de un miembro de la congregación. Somos hermanas de amor, así que la salida de un miembro de la congregación se resuelve con “comprensión, amor y apoyo.” (#108) En el evangelio de San Mateo se le pregunta a Jesús, “¿Cuál es el mandamiento más importante de la Ley?” El contestó, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mt 22) Las Constituciones precisan para nosotras, hermanas de la caridad, hermanas de María, nuestra manera particular de vivir este compromiso triple de amar a Dios, al prójimo y a nosotras mismas. Nota
Sobre la autora: Kathleen Conway, BVM (Richard Marie) es Representante Regional de la Región Great Lakes. Era miembro del Comité para las Constituciones junto con las hermanas Rita Benz, Mary Ellen Caldwell, Dianna Carr, Carol Frances Jegen, Joanne Lucid, Mary Frances Shafer y la difunta Mary Benedict Phelan. Return
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