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La poeta Mary Oliver cuenta que mientras sentada una mañana para pensar en Dios, vio un grillo solitario que movía con gran esfuerzo humilde y gran energía. Termina la poeta así: Esperemos Siempre ha sido así: la creación entera colaborando de manera misteriosa por el bien común. Y la familia humana se ha esforzado por comprender el significado del ser y el significado primordial, que es Dios. Dentro de la mayoría de las religiones del mundo la búsqueda de Dios ha sido para algunos el enfoque principal y exclusivo de su vida. Para una de las religiones, el cristianismo, a partir de los primeros tiempos se ha entendido que una relación personal con Jesucristo, una relación vibrante y activa, es lo que da origen y sostén a la “vida religiosa.” Una persona desea llevar una vida santa y servir a los demás, por sus acciones y/o por la oración. Este deseo del cristiano de vivir por Dios de esta manera resuelta se considera una llamada. Dios se le adhiere a uno tan fuerte, misteriosa y suavemente que no puede apartarse. Durante casi dos milenios la vida religiosa ha sido una trayectoria vocacional viable para el cristiano católico. En general ha significado la elección de una vida formada y constituida por el compromiso perpetuo a los valores de pobreza, castidad, obediencia, comunidad y ministerio en unión con otras mujeres u hombres que comparten una común visión. Los cambios a través de los siglos – de culturas, de cosmologías y de la Iglesia – han traído diferentes necesidades, enfoques variados y nuevos entendimientos a los cuales los que buscan a Dios han respondido. La vida religiosa ha conocido sus altibajos; han aparecido formas nuevas; otras han desaparecido. No ha sido un fenómeno estático. Una Historia en Evolución Hagamos un breve trazo de la vida religiosa en la historia del cristianismo. En los primeros siglos vírgenes, mujeres así como hombres, y viudos que elegían no volver a casarse, consideraban su dedicación como la entrega de toda su vida a Dios, no simplemente una cuestión de sexualidad. El trabajo de toda su vida era la oración y el servicio. Después de la legalización y relajación de la cristiandad en el año 312 muchos cristianos devotos rompieron lazos familiares y sociales, se despojaron de posesiones y huyeron al desierto para pasar su vida espiritual. Estos “abbas” y “ammas” vivían en silencio y soledad. Ayunaban, trabajaban y oraban. Para ellos su vida incluía la pobreza y el celibato pero no tenían las obligaciones de votos específicos. Con el tiempo los monjes se juntaron en comunidad en donde llevaban una vida comunitaria de oración y trabajo bajo la dirección de una abadesa o un abad. Benito (m.550) y su hermana Scholastica se han nombrados los fundadores del monasticismo occidental. Ya por primera vez la profesión religiosa incluía votos explícitos, los cuales se consideraban la profundización del compromiso bautismal de uno. Las definiciones y las prácticas del monasticismo mantuvieron su influencia sobre las comunidades religiosas hasta bien entrado el siglo veinte. Para Domingo, Francisco y Clara en el siglo 13 e Ignacio en el siglo 16 la importante labor de predicar el Evangelio suponía viajar fuera de la comunidad. Por eso cada miembro tenía que personificar o encarnar la vida religiosa de su comunidad. Ahora se intensificó el enfoque sobre las exigencias, las responsabilidades y el significado de cada uno de los votos. Para los franciscanos la pobreza tomaba primer lugar; para los jesuitas la obediencia. Con el transcurso de tiempo, a cada uno de los votos en diferentes épocas se le daría mayor importancia. Ya para cuando se convocó el Concilio de Trent (1563) los católicos llevaban dos ideas comunes y fijas respecto a la vida religiosa. Primero, los votos y sus obligaciones definían la vida religiosa. Segundo, creían que la vida de los votos era superiora a cualquier otra forma de vida cristiana. La Comunidad BVM Mary Frances Clarke entró en este ambiente con su círculo de amigas de Irlanda. Cruzaron el mar para terminar en Dubuque (1843) con la esperanza de ofrecer una educación a la juventud. Durante el mismo siglo 19, muchos hombres y mujeres dedicados reunieron comunidades religiosas para hacer obras de caridad, principalmente la educación y servicios médicos. La congregación que se formó con Mary Frances Clarke, las Hermanas de la Caridad de la Santísima Virgen María, que se conoce por BVM, heredó muchas de sus ideas y costumbres de la Iglesia y de las comunidades religiosas de la época. Sin embargo, Mary Frances traía un toque más moderado a lo que había sido uso más duro. Antes del Concilio Vaticano II las BVM se proponían como objetivo de su vida “la gloria de Dios y la perfección de ellas mismas.”2 Vivían con las responsabilidades de sus votos de pobreza, castidad y obediencia conforme a las Constituciones de la congregación. Se entendía que los votos afectaban los apetitos más intensos del ser humano, la posesión, la sexualidad y el poder, y que servían de refrenar o moderar estos apetitos. Al establecer límites y aconsejar las virtudes indicadas, los votos daban forma a la vida religiosa. El voto de pobreza especificaba que la religiosa no poseyera nada independientemente; cedería todo lo que tenía o que tendría en el futuro a la comunidad. El voto de castidad especificaba que la religiosa no se casara, lo cual, por supuesto, decía que no participara en la sexualidad propia del matrimonio. Por el voto de obediencia se entendía que al obedecer los directivos de la superiora y las reglas de la comunidad la religiosa hacía la voluntad de Dios. Por aquellos años la mayoría de las BVM eran maestras que se vestían con el hábito de la comunidad y vivían en conventos con un horario común. Todos los días oraban juntas, guardaban silencio en horas fijas y se agrupaban a la hora de recreo. Una vez al año en verano cada hermana recibía una carta de la superiora provincial que la “enviaba” a la misión donde era de servir en el siguiente año escolar. Esto se entendía como una parte significante de su obediencia. De acuerdo con el voto de pobreza la comunidad cumplía con las necesidades de cada miembro – comida, ropa, medicinas, educación y lo demás; las hermanas se ocupaban de dinero raras veces. Caridad, cortesía y necesidad determinaban las interacciones de las hermanas fuera de la comunidad con atención a las obligaciones de castidad. En aquellos días había miembros en abundancia y los noviciados estaban repletos. Con la dirección y competencia de los religiosos de la Iglesia florecían escuelas y hospitales. El Concilio Vaticano II Entonces el Espíritu Santo pasó de volada por las iglesias y conventos como poderosa ráfaga de viento trayendo novedades sin precedentes en los 400 años anteriores. El religioso ya no podía dormirse sobre su pedestal de superioridad. El Concilio recomendaba que se aceptara la diversidad y que se abriera la Iglesia a dialogar con otras religiones. Aconsejaba que se leyera y se estudiara la Santa Biblia y que se llevara una vida evangélica. Exhortaba atención a las señales de la época. Uno de sus temas integrales era el paso del poder de las élites al pueblo mismo. A las comunidades religiosas el Concilio les pedía que volvieran al carisma o espíritu original de su grupo. Esto implicaba un período de oración, estudio, reflexión y discernimiento que daría una nueva comprensión de su llamada y una renovación de sus modos de servicio. Las hermanas BVM de hoy se ven como “mujeres que han sido tocadas por el amor duradero de Dios;” que al responder viven “una vida consagrada de fidelidad al Señor, fidelidad una a la otra en comunidad y fidelidad al pueblo de Dios, sobre todo a los pobres.”3 Cambio de Perspectiva Nuestras Constituciones nuevas, completadas en 1989, están escritas en un estilo totalmente diferente que los reglamentos anteriores. En vez de legislar ya evocan e inspiran. (Véase p. ) Incorporan una visión de la realidad que vivimos. Poco a poco los votos se aceptan como valores que guían e inspiran en vez de reglas. Los temas de justicia y paz en el anuncio por Jesús del Reino de Dios llaman a las religiosas a la arena política, a lugares de opresión económica y a redes que cruzan culturas y religiones. La destrucción de los recursos del planeta, la pobreza increíble de tantas personas y la violencia atroz con que maltratamos la vida son señales de la época escritas en letra mayúscula. Las hermanas BVM enseñan todavía en las escuelas y los colegios, pero también dan instrucción en programas de ministerio laico, de inglés como segunda lengua y en catequesis de toda clase. Se ocupan de servicios médicos también dando atención en hospitales, parroquias, albergues, clínicas, centros de orientación y casas de retiro. Oran y facilitan la oración. Como la mujer persistente del Evangelio saben Quien detenta el poder en este mundo. Una Visión Más Amplia Hoy en día las mujeres religiosas tienden a verse como personas de fe en busca de Dios cuya obra es edificar el Reino de Dios. Se entiende que la razón de ser de la vida religiosa es la plenitud de vida y la santidad. Es una vida elegida libremente. No es mejor que ninguna otra llamada cristiana, pero es la mejor opción para que una mujer particular cumpla más completamente con la llamada evangélica a ser discípulo. Algunos aspectos accidentales de la vida religiosa han cambiado – el vestuario, los nombres, modos de orar, sus habitaciones – pero se mantiene 1o esencial, ya nuevamente articulado con un sentido más ancho y más profundo del Evangelio, y motivado por las necesidades enormes de nuestra sociedad global. Al vivir los valores de la vida religiosa – la pobreza o la conciencia de que todo y todos somos criaturas; el celibato consagrado o un amor inagotable para todos; la obediencia o un atento escuchar a los impulsos del Espíritu – las mujeres religiosas ponen la lógica del mundo patas arriba respecto a sus necesidades, su amor y su poder. Son proféticas. Están dedicadas y metidas en las arenas de acción. Toman en serio a su Dios. Así que las hermanas BVM, al comenzar este siglo 21, siguen viviendo con empeño humilde y toda la energía que puedan, cada una contemplando a Dios, cada una siguiendo caminos inexplicables para edificar el universo y el Reino. Notas
Sobre la autora: Harriet Holles, BVM (Agneda) se ofrece de asesora de espiritualidad. Reside en Dubuque, Iowa. En junio de 2005 vuelve al ministerio en Ghana. *Nuestro título es “Sisters of Charity of the Blessed Virgin Mary.” Nos conocemos por las siglas “BVM.” Así que usted leerá “la comunidad, BVM,” “las hermanas, BVM,” etc. Return
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