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El Congreso Mundial Fortalece |
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El 20 de noviembre de 2004 me encontraba en un vuelo sin escalas de Chicago a Roma donde iba a juntarme con más de 800 personas para el Congreso Mundial sobre la Vida Consagrada. Se había trabajado mucho para preparar este evento. Por ejemplo, durante los meses anteriores cada uno de nosotros había recibido un documento de 28 páginas en que se había recogido la experiencia de vida religiosa de todas partes del mundo. Además un común sitio de la red había servido de vía para las reacciones al documento de parte de los participantes. A pesar de que había tenido la oportunidad de prepararme, me acercaba a Roma con cierto temor. El propósito del Congreso era “discernir en conjunto, con conciencia global, qué está engendrando el Espíritu de Dios entre nosotros, a dónde el Espíritu nos está conduciendo y cómo podemos contestar los desafíos de nuestra época para construir el Reino de Dios por el bien común.” Dentro de esta meta yo intuía una expectativa de que trazáramos el futuro de la vida religiosa. Se me hacía una tarea onerosa si no imposible. Mis inquietudes aparte, sí tenía esperanzas en cuanto al proceso de reunirnos. Pensaba que juntarme con líderes religiosos de cada continente me iba a dar la oportunidad y el privilegio de aprender mucho de ellos. El lunes me inscribí y enseguida busqué los nombres de los otros participantes de habla inglesa con quienes iba a compartir la misma mesa de discusión. Encontré la lista de los compañeros para la semana: Irene de Filipinas, Joyce de Zambia, Jacinto de Uganda, Jerome de la India, Geraldine del Canadá, y Gary, Donna y yo de los Estados Unidos. No veía la hora de conocerlos.
Llegó la mañana del martes y la inauguración formal del Congreso. En la mesa de discusión nos presentamos, y luego la primera actividad fue identificar lo que más deseábamos como líderes de congregaciones religiosas. A mi alrededor oí “ser la presencia de la paz en medio de un país desgarrada por la guerra,” “ser señal de vida en medio de la pandemia del SIDA,” “cultivar la vida interior.” La profundidad del intercambio y la solidaridad que yo sentía me convencieron de que los próximos cinco días serían realmente fenomenales. Y así fue. Los días siguientes se desenvolvían entre una combinación de oración, discursos, reacciones, discusiones de mesa y sesiones plenarias. Toda la interacción era posible gracias a la traducción simultánea en cuatro idiomas – español, francés, italiano e inglés. Interconexiones Globales He asistido a otras reuniones internacionales de religiosos y conozco la realidad enriquecedora de la vida religiosa global de hoy. Pero mediante este Congreso llegué a apreciar que la estructura misma de la vida religiosa conduce a una conciencia global que tiene un poder enorme para modelar nuestra iglesia y nuestro mundo. La mayoría de las congregaciones que asistían al Congreso eran congregaciones internacionales. Así que por sus miembros mismos existen con una corriente vital que de verdad ciñe la tierra en una red de relaciones. Por ejemplo, Jerome de la India es miembro de los Hermanos Patricios, una congregación irlandesa cuyos miembros sirven en Europa, la India, Kenya y Papúa de Nueva Guinea. En su persona misma como líder religioso, los continentes y las culturas se hablan, aprenden uno del otro y se modelan unos a otros. Conocí a muchos como Jerome durante el Congreso. Aprendizaje Mutuo También sentí la vitalidad de la vida religiosa por lo que emanaba de la organización y el proceso de la reunión en Roma. Hace treinta años el Vaticano, mediante la Sagrada Congregación para la Vida Religiosa, convocó un Sínodo sobre la vida religiosa; este Congreso actual fue convocado debido a la iniciativa de los líderes de las congregaciones religiosas mismas. Por la estructura del mitin siempre eran visibles los dones de mujeres y hombres de cada continente. Esta abundancia de talento era evidente al escuchar a los que pronunciaban los discursos temáticos y a los que respondían; se veía en los símbolos para los ritos de oración, y también se oía en el intercambio de ideas en nuestras mesas y en los plenarios. Hasta el estilo de aprender era recíproco y circular. Aprendimos tanto de la experiencia como del pensamiento y el análisis. Igualmente el silencio, la atención y la expresión producían un ambiente que favorecía el aprendizaje. Poder Transformacional La última tarde del Congreso mientras yo miraba a los participantes que llenaban la sala, me daba cuenta de que me había tocado el poder transformacional que se crea cuando un cuerpo se reúne con conciencia global y compasión para aprender unos de los otros. Y por medio de esta asamblea el don profético de la vida religiosa había sido liberado para construir el Reino de Dios. Como resultado de mi participación en el Congreso ya llevo esta visión del Reino: § Como mujer perteneciente a una organización eclesial, sé que hay un lugar donde las mujeres pueden compartir sus dones, su vida y su experiencia de Dios. § Como líder de una congregación religiosa veo que nuestro futuro no depende de saber el porvenir con certidumbre sino que se funda en el compromiso de abrazar la vida si reservas y de dejarnos ser sorprendidas por Dios. § Aunque vengo de la cultura más dominante del mundo he disfrutado de la alegría que estalla cuando las culturas realmente se comprenden entre sí. Sobre la autora: Joellen McCarthy, BVM es presidenta de las Hermanas de la Caridad de la Santísima Virgen María. Se incluía entre los 850 líderes de congregaciones religiosas, teólogos y religiosos jóvenes que fueron invitados al Congreso. Return
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