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Desde
el Corazón de América
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En muchos aspectos vivir en Guatemala, el “Corazón de América,” define nuestra vida. Vivimos con una perspectiva diferente. Bajo la influencia de los teólogos centroamericanos, los mártires, la espiritualidad maya y unos dedicados religiosos hemos aprendido a ver al Dios vivo en las paradojas de la vida: la felicidad que emana del sufrimiento; la vida que surge de la muerte; la esperanza en medio de la opresión; los pobres ricos y los ricos pobres; el poseer todo lo que se podría desear porque lo hemos dejado todo. Nos identificamos como misioneras de la diócesis de Helena, Montana. Traemos la buena noticia de que la gente de la diócesis de Helena siente cariño por el pueblo de Santo Tomás y quiere ayudarlo. Pero hemos descubierto que aquí somos nosotras las beneficiarias. La gente nos recuerda constantemente de lo que realmente tiene importancia en la vida. Llegamos a Guatemala tras la muerte de muchos misioneros. Hemos sido testigos de los acuerdos de paz para verlos entonces ignorados o burlados por los que mandan. Durante nuestro tiempo aquí hemos conocido a mártires, personas que murieron, no sólo por su fe sino también por su fidelidad al Dios que se hace amigo del pobre y del oprimido y les da preferencia. Por su ejemplo somos llamadas a vivir nuestros votos de manera radical. Vivir entre los pobres en un país extranjero nos permite ser sinceras en cuanto al voto de pobreza. No nos podemos engañar para pensar que cumplimos con nuestro voto si “necesitamos” demasiado para nosotras mismas. El clamor diario de los pobres ante nuestra puerta nos advierte que estamos ahorrando, que no permitimos que Dios los cuide mediante nosotras, que no confiamos en que Dios verá nuestras necesidades. Nuestro celibato consagrado se vive al dejar a todo lo que amamos: nuestra familia, los amigos, nuestro trabajo, nuestro país, nuestra cultura y nosotras mismas. Llegamos a ser forasteras en una tierra extranjera, dejando atrás incluso nuestro sentido de pertenecer. ¿Para qué? Para seguir a Jesús quien amaba y servía a 1a viuda, al huérfano y al enfermo. Vinimos a Guatemala por los que tuvieron que salir o que murieron durante la violencia. No nos dábamos cuenta entonces pero éramos llamadas a continuar sus obras, a seguir a Jesús de esta forma radical, dejando atrás el miedo, haciéndonos el corazón de Jesús siempre abierto al necesitado. Mi obediencia es al Dios que vive en mí y me habla al corazón. Se manifiesta en seguir el Evangelio, el cual nos guía a SER Cristo vivo en el mundo de hoy. Un joven de los Estados Unidos que estaba aquí de visita exclamó después de hacer una peregrinación con nuestros jóvenes: “¡Estos chicos actúan como si fuera Jesús una persona de verdad!” El Evangelio sí cobra vida en Guatemala, el “corazón de América,” y sus santos y mártires constituyen un reto a que nos unamos con los que son pobres en bienes pero ricos en fe mientras trabajan por justicia y paz en esta tierra de opresión y violencia donde el Dios vivo está en su casa. Sobre la autora: Ana Priester, BVM trabaja en la pastoral parroquial y la catequesis en Santo Tomás La Unión en Suchitepequez, Guatemala. Return
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