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Sobre mi cama hay un cuadro de Monet con el título “El amanecer.” El cuadro me asegura que veré la salida del sol mañana. Es de una delicada belleza tranquila. Una neblina borrosa cubre el agua donde unos pescadores parecen sentir la intensa presencia de Dios en aquel momento al esperar el comienzo de un nuevo día. La imagen me hace pensar en Dietrich Bonhoeffer cuando decía que Jesucristo nos llama, no a una religión sino a la VIDA. Si yo voy a escribir sobre la pobreza es imperativo meterme en la vida del momento actual porque es así que entiendo el responder a la llamada de Dios. Tal respuesta requiere entregarme a la vida al máximo, abarcar la vida en su totalidad mientras crezco en amor a Dios, al prójimo, a mí misma. Tiene que ver con buscar, explorar, arriesgarme, y al mismo tiempo reconocer que desde el fondo de nuestro ser dependemos totalmente de Dios, la fuente de la vida.1 A mi modo de ver el amor de Dios es incondicional, implacable y eterno. Vivir en una comunidad de personas unidas en un compromiso total al amor de Dios y dedicadas a vivir el espíritu de pobreza, me ayuda a cumplir con la alianza que tengo con El. La Sencillez Es Clave Creo que la sencillez es un aspecto importante del voto de pobreza. Supone estar abierta a la preciosidad del momento actual, sea lo que sea su forma o su falta. Puede conducir a una cierta libertad de la mente y del espíritu. Me pide tomar las cosas que necesito y dejar las que no hacen falta. La propiedad no es algo que hacemos o que tenemos sino un conjunto de valores a que atenemos a diario.2 Estoy invitada a ver el mundo con los ojos de Dios y responder a lo que veo con un corazón compasivo. Diarmuid O’Murchu dice que los votos son un conjunto de valores que están relacionados al deseo humano de entender el significado de la vida. Esto encaja bien puesto que yo no veo la pobreza como el sacrificio de los bienes materiales sino como atención a los bienes del mundo de acuerdo con la igualdad e integridad del evangelio.3 Aunque yo sé que los valores evangélicos conllevan la influencia de las culturas en que se hallan y que varían enormemente de una parte de la tierra a otra, a mi modo de ver se centra demasiada energía en las armas de guerra lo cual da lugar a más pobreza en el mundo. Jesús no hablaba de la pobreza. Hablaba de “los que tienen espíritu de pobre,” los que experimentan el amor incondicional de Dios en lo común y corriente. Lo que hacemos por Cristo ahora mismo es lo que tendrá importancia allá después.4 Testimonio Profético Me doy cuenta de que mi manera de vivir el voto de pobreza puede ser un testimonio profético ante la escasez de recursos y la distribución injusta de las riquezas de este mundo. Encuentro muchas maneras de dar testimonio: el uso de productos no de marca, el reciclaje, la compra de productos de convenios de precios mínimos, la compra de artículos rebajados, el rechazo de productos de empresas multinacionales y mis intentos de no acumular cosas. Otro aspecto del testimonio profético es el reto de cuidar nuestra querida Madre Tierra. Me duele ver que la menosprecian, la explotan y la abusan sin comprender que es un regalo de gran valor. Mi ministerio tiene lugar con los enfermos desahuciados y los que han perdido un ser querido. Me obliga a saber escuchar las penas de la gente y reconocer la pobreza de espíritu que sienten. Mi esperanza es que resuelvan su dolor para recobrar plenitud de vida. A fin de cuentas lo que a mí me importa al terminar el día son los valores que me han llegado al alma. Yo sé que al envejecer necesito cuidarme con delicadeza. Esto también me hace recordar mi pobreza. Todo esto suscita una cualidad espiritual diferente, un ser distinto. Me consuela mucho saber esto. Puedo consolarme también con mi familia y los amigos, con la fe, la lectura, el bridge, los viajes, el arte y la música. Para concluir, todo es un regalo para ser compartido y utilizado en beneficio mutuo. Le doy gracias a Dios por cada preciosa persona, lugar y cosa que me ha prestado. Con un espíritu de pobreza uno puede apreciar lo que ha recibido. Se dan los regalos para celebrar y por eso ¡celebro! Ronald Rolheiser ha dicho, “La vida espiritual no es una carrera corta hacia una línea de llegada bien demarcada sino una carrera de maratón, un arduo viaje de toda la vida hacia un horizonte cada vez más ancho.”5 Pues cada día, con o sin el sol, yo doy las gracias. Notas
Sobre la autora: Jane Rogers, BVM (Jananne) es consejera con el Hospicio de Fort Dodge en Trinity Regional Medical Center, Fort Dodge, Iowa. Celebró su quincuagésimo aniversario de vida religiosa en 2004. Return
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